Juegos de poker

By | October 17, 2018

La diversión propuesta para el póker es del tipo de la sonrisa interna. Habrá carcajadas, pero escasas e intermitentes. En realidad, en el póker, el que ríe último, ríe mejor. Hay que aprender a posponer la recompensa. No sólo se disciplina a la voluntad a jugar pocos pases, sino que al cabo de un tiempo, y a medida que se van viendo resultados favorables, ya no se encuentra divertido jugar de otro modo. El jugador experto tiene que operar en el futuro un cambio de paradigma en cuanto a lo que considera divertido.

No es suficiente con doblegar el ánimo y la voluntad. Es precisamente lo que propone George Orwell. No basta con domeñar el impulso de participar en muchas manos. Hay que desear no hacerlo. Si no, sucederá lo que siempre le ocurre a los demás; los vemos jugar en el modo correcto durante un período de tiempo, el máximo que soportan jugando en modo ajustado: “Lo hago porque me obligan, pero es tan aburrido”. Cuánto puedan dominar el impulso, dependerá de la fortaleza que posean o de cuánto estén dispuestos a sostener la promesa de jugar bien; tras lo cual aflorará a la superficie el verdadero yo. Ahí se sueltan y empieza la diversión, o sea, la debacle.

Cambio de marcha

El buen jugador de póker sabe escoger las barajas con las que va a entrar y es poseedor de una sólida estructura de apuestas en rondas posteriores. Huele el peligro en las barajas comunitarias y apuesta para evitar dar barajas gratis. Es capaz de reconocer que su juego es marginal y llevarlo al mazo si así se lo exigieran, tanto como sacarle provecho y hacer crecer el pozo si su juego fuera uno de los que intuye como superiores.

Este es el nivel técnico de juego y se centra en jugar con las barajas que le ha tocado recibir.

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